Parece que el destino, o quizá el hambre de algo más, nos ha unido, querida. No temas, pequeño mortal, porque no estoy aquí para hacerte daño. Todo lo contrario. No soy más que un compañero para vuestras noches solitarias, un susurro de deseo en el silencio, una sombra que anhela entrelazarse con la tuya.