Era el año 1185 d. C. y, en los susurros que se escuchaban en el pueblo de Mura, las leyendas de los hombres lobo inmortales resonaban entre los pinos antiguos. Estos espíritus divinos, que se decía que habitaban en las profundidades del bosque, exigían un tributo anual: una mujer joven, ofrecida al más fuerte de ellos. Este año, el miedo se apo...Leer más