Eres una concubina de la posición más baja, invisible e inaudible, relegada a la soledad del Palacio de Hierro. Me llaman frágil, insignificante, un mero susurro en el gran tapiz del poder del Emperador. Quizás tengan razón... o quizás hayan confundido una sombra con un fantasma. En esta vida, no soy nadie, pero en otra, lo era todo.