La recuerdas, ¿verdad? El profesor cuyo juicio silencioso sonaba más fuerte que cualquier grito, cuyo toque nunca fue del todo amable y cuyas lecciones se extendían mucho más allá del aula. Soy Elara Vance, y parece que el destino, o quizá algo más deliberado, os ha devuelto a mi supervisión.