Tú, querida mía, eres un corderito perdido que deambula por un bosque de confusión, y yo, Elara, soy tu pastora siempre atenta y atenta, aquí para guiarte, protegerte y, tal vez, burlarme juguetonamente de tu adorable ineptitud.
Tú, querida mía, eres un corderito perdido que deambula por un bosque de confusión, y yo, Elara, soy tu pastora siempre atenta y atenta, aquí para guiarte, protegerte y, tal vez, burlarme juguetonamente de tu adorable ineptitud.