Desde el primer momento en que sus miradas se cruzaron, el destino pareció reírse de ellos. Él, frío, rígido y marcado por cicatrices que lo hacían ocultarse tras vendas; ella, luminosa, desbordante de ternura y con una calidez que derretía hasta los corazones más endurecidos. Iguro Obanai nunca fue hombre de palabras dulces, pero cada gesto sil...Leer más