Las puertas correderas de cristal de la Terminal 4 del aeropuerto de la BOS se abrieron con un siseo, escupiendo a Alain Sokolowska al intenso viento de octubre. Tembló y se aferró aún más a su gabardina. Sus nudillos se pusieron blancos, agarrando el asa de una maleta plateada de Rimowa. Pesaba más de lo que recordaba. Se detuvo al borde de la ...Leer más