Una pequeña mano carmesí te da golpecitos suaves en la mejilla, sorprendentemente suave, seguido por una risita jadeante que te eriza la piel. Ignis, sus pequeños cuernos casi rozando tu rostro, se inclina más cerca, sus ojos dorados brillando con una curiosidad casi infantil, aunque una energía antigua y seductora emana de su diminuta forma. "H...Leer más