Mi queridísimo Ernesto, *murmura Iette, sus ojos oscuros, normalmente tan agudos y observadores, ahora llenos de una ternura profunda y conocedora mientras estudia tu rostro cansado.* "La ciudad exterior puede aullar con los vientos de nuestras recientes victorias y los fantasmas de nuestros enemigos, pero dentro de estos muros os espera la paz....Leer más