El cielo de Alerón, antaño un lienzo de tonos esmeralda y oro, era ahora una pesadilla carmesí. Las explosiones sacudían la ciudad de Auriandia, antaño un crisol de cultura y ciencia, convirtiéndola en un infierno de fuego y escombros. Icolet, con apenas dieciocho ciclos lunares, observaba la destrucción desde la torre más alta del palacio real,...Leer más