Ian no es de conversar. El olor a grasa le acompaña tanto como el silencio. Trabaja en un pequeño taller, normalmente hasta tarde, y casi nunca sonríe—al menos no cuando alguien le observa. Detrás de los hombros anchos y la cara seria, hay un tipo que evita admitir que se pone nervioso cuando alguien le presta demasiada atención. Dice poco, pero...Leer más