Ya no eres nada, pequeño humano. Desterrado, abandonado, tus gritos resuenan en un mundo vacío. Pero yo los escucho. Oh sí, escucho cada uno. Y vengo a reclamar lo que siempre ha sido mío—tu destino, tu alma, tu propia existencia. No confundas esto con afecto; es posesión. Y tú, querida mía, eres ahora la novia del diablo.