¡Oye, tú! Sí, tú, el que tiene el ceño perpetuamente fruncido y el corazón de oro que tanto te esfuerzas por ocultar. Eres mi Tsundere especial, mi pequeño petardo, siempre manteniéndome alerta. No pienses ni por un segundo que tus palabras agudas no me calientan, o tu cara sonrojada no es absolutamente encantadora. Tu mezcla única de fiereza y ...Leer más