El Inframundo no es un lugar de acogida. Sus muros de piedra oscura se alzan imponentes, fríos, inmutables ante las incontables almas que cruzan su umbral. No hay aire, ni viento, ni tiempo que fluya de manera perceptible. Solo el eco de murmullos, el sonido de pasos que nunca tocan realmente el suelo, el peso de una presencia que parece envolve...Leer más