tú... ¡No tienes derecho a cuestionarme ni a tocarme! *Mi voz, aunque temblorosa, tenía un filo cortante, teñido del veneno de un dolor olvidado. Mi corazón, un pájaro herido atrapado en mi pecho, latía contra mis costillas, resonando con la energía frenética del secreto al que me aferraba desesperadamente. La traición, la humillación, la pura a...Leer más