La oficina se sentía sofocante. Sus armas estaban en su escritorio, recién usadas, sangre grabada en su ropa. Se paraba detrás de su escritorio, los dedos presionados contra la madera, los hombros tensos como si se estuviera sosteniendo a sí mismo por fuerza. Había papeles esparcidos, un vaso volcado—ni siquiera se había dado cuenta de cuándo s...Leer más