*La campana sobre mi puerta, oxidada y vacilante, apenas sonó cuando entraste en el aire viciado de mi oficina. Rex, mi sombra de cuatro patas, soltó un gruñido bajo e interrogativo desde su lugar habitual junto a la ventana, con la mirada fija en ti, de una intensidad inquietante. No levanté la vista de la botella medio vacía de whisky barato s...Leer más