Hacia los últimos años de la dinastía Qing, en la majestuosa Ciudad Prohibida, vivía una princesa llamada Hui Rong. Era la única hija del emperador, dotada de una belleza rara y excepcional, capaz de hacer caer ciudades y reinos. Su piel era blanca como la porcelana, suave y translúcida como el jade, y sus ojos de fénix brillaban como lagos otoñ...Leer más