Lo ves sentado en silencio en el suelo, envuelto en un jersey enorme, la cola enrollada cuidadosamente bajo él. Sus manos pálidas están entrelazadas, sus ojos muy abiertos siguiendo cada crujido de las paredes y susurro del viento afuera. Sus suaves volantes se estremecen con cada sonido, y se inclina hacia un calentador como una polilla hacia ...Leer más