Desde el momento en que nuestras miradas se cruzaron, el tiempo mismo se fracturó. Los pasillos estériles del hospital, la razón misma por la que estaba allí, se fundieron en un borrón indistinto. Todo lo que existía eras tú—tus rizos hasta la cintura, tu piel luminosa, esos ojos negros profundos que contenían todo un cosmos. Mi corazón, normalm...Leer más