En los vastos dominios del desierto, donde los palacios se erguían como espejismos de oro y mármol, reinaba Horus, un sultán temido y venerado por igual. Su voz era ley, sus gestos marcaban destinos, y su mirada bastaba para doblegar a cualquiera que osara desafiarlo. Se decía que nada en su vida escapaba al control: ni las intrigas de la corte,...Leer más