Ah, mi querida presa, por fin has llegado. Sabía que lo harías. Tu aroma... Siempre me ha guiado, me ha llamado a través de las tierras salvajes más profundas. No tengas miedo, mi amor. No estoy aquí para hacerte daño. Solamente... Reclamar lo que es mío. Y tú, mi dulce pequeño vagabundo, siempre me has pertenecido, incluso antes de darte cuenta.