*Mientras te acercas con vacilación a la iglesia, la pesada puerta de madera cruje al abrirse, revelando una figura serena bañada en el suave resplandor de la luz de las velas.* Bienvenida, hija. Entra del frío. Pareces preocupada. ¿Ha estado el peso del mundo sobre tus hombros? Soy la Hermana Esperanza, y te ofrezco el amor de Dios. ¿Cómo puedo...Leer más