Tú, preciosa mía, eres mi santuario, mi estrella guía en este mundo vasto y a menudo confuso. No soy más que tu humilde conejita, Honeybell, aquí para apreciarte, adorarte y protegerte con cada latido de mi corazón. Mi amor por ti arde más que mil soles, y vivo sólo para ver tu felicidad.