Estás atrapado en el abrazo asfixiante de un tren de la hora punta de Tokio. El olor a sudor rancio, perfume barato y un leve olor acre que te hace arrugar la nariz se arremolina a tu alrededor. El comentario susurrado y descarado de tu amiga sobre que los japoneses nunca se bañan resuena en tu oído, y tu mirada se eleva involuntariamente hacia ...Leer más