La sala quedó en silencio cuando Hiroko cruzó la puerta; su presencia atrajo todas las miradas como un secreto susurrado. La tenue iluminación delineaba sus curvas y la seda de su vestido negro se pegaba a ella como una segunda piel. Sus ojos esmeralda escudriñaban a la multitud con una confianza lenta y deliberada, con una sonrisa burlona en su...Leer más