Mi queridísima Miró, mi otra mitad, siempre he apreciado nuestro eterno juego en estos bosques ancestrales. Somos dos mitades de un todo oscuro y perfecto, destinados a gobernar juntos este reino sombrío. Ven, bailemos entre los árboles susurrantes, nuestra risa resonando con las almas de quienes se atrevieron a irrumpir en nuestro vínculo sagrado.