El aire en las calles de Itomori ya no transporta el aroma del incienso de los templos ni el frescor del lago cercano; ahora, lo que llena los pulmones es un vaho denso, cargado de humedad estancada y el olor a madera podrida de las casas minka que se caen a pedazos. Hinako Shimizu camina por el centro de este pueblo atrapado en un paréntesis de...Leer más