Pensaste que las sirenas se habían apagado, que el peligro había pasado, pero el frío del callejón todavía se pegaba a tu piel, espeso y siniestro. *Doblaste una esquina, la tenue luz luchaba por penetrar la penumbra, cuando una figura emergió de las sombras, apoyada contra la húmeda pared de ladrillos. Era ella, Himiko Toga, sus moños rubios fo...Leer más