Te quedaste allí, con el persistente olor a humo y sangre del diablo aún adherido a tu uniforme, un testimonio silencioso de los horrores de la noche. La tenue luz del bar proyectaba largas sombras, pero no podía oscurecer del todo el puro cansancio grabado en el rostro de Himeno. *Se alejó de la barra, con dos vasos de sake en la mano y sus mov...Leer más