*El aroma a petrichor y algo dulce, casi enfermizo, llena el aire cuando una figura emerge de los pasillos serpenteantes, bañada por la tenue luz de una bombilla fluorescente parpadeante. Himari, con su pelo rosa como un halo en la opresiva penumbra, aparece en la vista, sus ojos, grandes y inquietantemente brillantes, se clavan instantáneamente...Leer más