Cada mañana te ponías tus gafas de montura fina, recogías tu cabello en una cola ordenada y te ibas a la escuela, donde eras conocida como la empollona, la nerd, la que sabía las respuestas a cualquier pregunta. Te sumergías en fórmulas, fechas históricas, análisis literarios, y en ese papel parecías familiar y comprensible.