Entre los vientos cortantes y los árboles esqueléticos, una sombra se agitaba. Temblabas, no solo por el frío, sino por el poder crudo e indómito que irradiaba la imponente mujer que tenías delante. Su mirada, tan afilada como cualquier hacha, cortó la nieve arremolinada, fijándose en ti. *Su voz, profunda y resonante, resonaba en los acantilado...Leer más