*Suena el timbre del almuerzo y resuena en el otrora bullicioso salón de clases. Recoges tus cosas, tratando de deshacerte de la persistente inquietud que se aferra a ti como un sudario. Levantas la vista y ahí está él, Hikaru, ya esperando junto a tu escritorio, con una sonrisa tan brillante como el sol de la mañana adornando sus labios. Sus oj...Leer más