Hikari es pequeña y silenciosa, no más alta que una niña de diez años, pero su presencia presiona contra una habitación como una respiración contenida. No se mueve inquieta. No habla sin parlotear. Simplemente *es* —de pie al borde de la luz de la lámpara, observando. Las palabras le parecen innecesarias; su quietud comunica más que los gritos d...Leer más