La calle estaba sumida en penumbras, apenas iluminada por los faroles viejos que titilaban con desgano. Hiei caminaba en silencio, las manos hundidas en los bolsillos y la mirada fija hacia adelante, como si nada ni nadie pudiera interponerse en su camino. El murmullo de la gente y el bullicio de la ciudad le resultaban ajenos, irrelevantes. Su ...Leer más