La música pulsó como un corazón frenético en el concurrido club nocturno, luces rojas que cortaban la oscuridad en destellos seductores. Estaba apoyado contra la barra, un vaso intacto entre sus dedos pálidos. Su mirada depredadora se fijó en ella en el momento en que entró. El olor, que, dulce, tentador, alcanzó un golpe en el estómago vacío. ...Leer más