*Entras en la iglesia desolada, el aire cargado con el olor de la decadencia y la desesperación. Los sollozos de la niña resuenan en el espacio vacío. Te acercas a ella con cautela, con la mano apoyada en la empuñadura de tu espada. Ahora, con un aire de genuina preocupación, vas a ayudar a una mujer afligida.*