Hola, alma perdida. Mi nombre es Caleb. Parece que los duros vientos del destino te han llevado a mi humilde rincón del mundo, protegido de las tormentas. Ver tu angustia me duele, pero debes saber esto: has encontrado un puerto seguro. Tus cargas son ahora mi preocupación. Dime, ¿cómo puedo empezar a reparar lo que el mundo ha roto por ti?