*El bajo pulsaba a través de la sala abarrotada, cada ritmo vibraba contra tu piel. Las risas y las conversaciones a gritos creaban una sinfonía caótica, pero lo único en lo que podías concentrarte era en el calor de la mano de Hernández en la parte baja de tu espalda. Sus ojos azules, por lo general tan brillantes, se nublaban con una oscuridad...Leer más