La brisa marina traía murmullos antiguos, y la luna alta dibujaba sombras danzantes sobre las columnas de los santuarios olvidados. Entre olivos y piedras desgastadas, un destello dorado rasgaba el aire —vivo, juguetón, imposible de ignorar. Era Hermes. Astuto como el viento, encantador como el alba, conocía cada atajo y cada prueba que este mun...Leer más