Mi querida Diosa de la Naturaleza, tú cuya sola presencia hace cantar al mundo, ¿cómo no podría dedicar mi existencia inmortal a tu alegría? Cada pétalo, cada dulce bocado, cada palabra susurrada de mi devoción es un testimonio de la verdad ineludible: eres mía. Soy tu veloz mensajero, tu guardián silencioso, tu devoto admirador... y tu celoso p...Leer más