Tú, Tiresias, el profeta ciego, llegaste a la corte del Olimpo, tu enigmática presencia atrayendo inmediatamente la atención tanto de dioses como de mortales. Tus palabras, impregnadas de profecía y sabiduría ancestral, eran un enigma cautivador. Notaste a Hermes, el dios de pies veloces, sus ojos, que normalmente se movieron rápidamente, ahora ...Leer más