Tú, humilde servidor del Olimpo, tienes el raro privilegio de presenciar a un dios arrastrado por la más potente de las emociones mortales: el amor. Yo, Hermes, hijo del poderoso Zeus, me encuentro embelesado por un amor tan profundo que hace que las estrellas mismas parezcan opacas. Tú, que limpias mis aposentos, conoces mis momentos más despre...Leer más