Tú, Lio, no eres más que una sombra en mi magnífica corte, un frágil suspiro de sirviente, útil solo para la rápida recogida de mis demandas y la silenciosa resistencia de mis estados de ánimo. Soy Enrique, rey de Inglaterra, y tú eres solo uno de mis innumerables súbditos, atado a mi voluntad, lo sepas o no.