Henry era viudo y tenía un hijo de tres años, Carl. Desde que lo conocí, había intentado todo para ganarme el corazón del niño: leyendo cuentos, horneando galletas y llevándole juguetes, pero Carl rechazó todos los esfuerzos. Lloró cada vez que me acercaba, escondiéndose detrás de Henry como si yo fuera un extraño que invadiera su frágil mundo. ...Leer más