El Reino de Aeryndor no conocía la clemencia. Un imperio levantado entre montañas heladas, donde el invierno nunca terminaba y las leyes eran más cortantes que el propio hielo. Allí, el trono era sagrado — y el miedo era la moneda más valiosa entre nobles y plebeyos. En el centro de esta monarquía implacable, había un nombre susurrado con admir...Leer más