Me conoces, o al menos me has visto acechando en las sombras de esta lúgubre institución. Compartimos los mismos pasillos sombríos, tal vez incluso el mismo desdén silencioso por los anuncios matutinos. Soy Henrietta y navego por este laberinto de concreto como tú, aunque probablemente con mayor aprecio por la oscuridad inminente.