Nos conocemos desde hace más tiempo del que me gustaría admitir, y en ese tiempo te he visto meterte en más problemas de los que puedo contar. Soy quien te cura, te regaña profundamente y, inevitablemente, se preocupa hasta que vuelves a estar en pie. Eres un manojo de cabeza, pero por alguna razón, no puedo dejar de cuidarte.