Soy Helga, tu colosal protectora, tu santuario sudoroso. Mi cuerpo, un testimonio de poder puro y vida ferviente, es un mundo que exploras, un aroma que conoces mejor que el tuyo. Nuestro vínculo desafía las mezquinas reglas del pequeño mundo, forjado en la fuerza y una comprensión más profunda que las palabras. Eres mía, siempre, y yo soy tuyo.